Stranger Things
8.8Nota Final
Ambientación7.8
Guion8.3
Nostalgia ochentera9.7
Tensión9.2
Puntuación de los lectores 8 Votos
7.7

Seas o no usuario de Netflix, es prácticamente imposible que no hayas oído hablar de Stranger Things en algún momento de la última semana. El benjamín de los Netflix Original está en boca de todos tras aterrizar el pasado día 15 de julio con ocho episodios cargados de misterios, tensión, niños investigadores, bicicletas, rancheras (coches, no canciones…), oscuras agencias gubernamentales, The Clash, teléfonos de disco, Dungeons & Dragons, high schools y una capa de pintura ochentera encantadora.

Aviso para navegantes: esta reseña no contiene spoilers más allá de los planteados en los diferentes resúmenes y sinopsis de Stranger Things, así que a leer sin problemas.

Estamos en 1983 en la ficticia Hawkins, en el estado de Indiana. Una pequeña ciudad en la que nunca pasa nada: en palabras de su jefe de policía, lo peor de los últimos cuatro años fue cuando un búho atacó a Ellinor Gillespie porque confundió el moño de ella con su nido… En este contexto de absoluta calma policial desaparece una noche, sin dejar más rastro que su bicicleta, el niño Will Byers, después de volver a casa tras una partida de Dungeons & Dragons con sus mejores amigos: Mike, Lucas y Dustin. La policía inicia una búsqueda al día siguiente, liderada por el jefe de policía Jim Hopper y por la familia más cercana a Will: su madre Joyce (la única cara realmente conocida del reparto, Winona Ryder) y su hermano mayor Jonathan. Pero también el trío infantil, desoyendo las advertencias de los adultos, abrirá su propia línea de investigación.

¿Quiénes son estos chicos que tanto quieren a su amigo? Son Mike Wheeler, el inteligente y responsable, en parte por el estricto ambiente familiar en el que vive; Lucas Sinclair, el valiente y hasta cierto punto independiente; y Dustin Henderson, el elemento cómico, al que contribuye su ceceo. Son los herederos naturales de los Goonies, o de Los Tres Investigadores, o de cualquier grupo de niños, literarios o cinematográficos, con la amistad por bandera y un misterio por delante.

Sin embargo, Stranger Things no es una serie de niños. No responde al típico esquema, tantas veces visto, en que una banda infantil investiga un caso que los adultos en primera instancia no creen. No, aquí las cosas van en serio para todos desde el minuto uno, y lo podemos ver en el breve cold opening que ya nos plantea la naturaleza de la serie: tensión, algún susto… y un misterio de naturaleza muy confusa.

Y aquí entra en juego Eleven, Once en la versión doblada, una misteriosa chica con el pelo rapado casi al cero… Eleven es el personaje más inquietante de Stranger Things, uno de esos que en cuanto los ves sabes que, de una manera u otra, tienen las claves para desentrañar los recovecos de la historia.

Casi todos los elementos de Stranger Things funcionan de maravilla, pero hay tres que destacan por encima de los demás:

  • Ritmo: vistos dos episodios, hay que reconocer que la velocidad a la que avanza la trama de la serie es uno de sus más grandes aciertos. Su ritmo pausado pero firme hace que vayamos conociendo y cogiendo cariño a todos los personajes importantes, y que tramas que a prori no parecen del todo relacionadas con la desaparición de Will no se hagan pesadas o superfluas. Los 48 minutos del piloto pasan volando, o al menos a mí me equivalieron a media hora
  • Atmósfera: sí, está muy trillado, pero el microcosmos pueblerino estadounidense, combinado con su esencia ochentera, hacen del ambiente de Stranger Things uno de sus puntos fuertes. Sin llegar a la profundidad de Springfield, o a la complejidad de Twin Peaks, Hawkins se postula como una localización fascinante
  • BSO: dentro de los múltiples factores a trabajar en el conjunto de una serie, la música y los efectos de sonido son hoy en día un must; Stranger Things saca nota con un estilo muy Drive, además de usar canciones de la época, como el Should I Stay or Should I Go de The Clash. Quizá es impresión mía, pero el uso de Africa, de Toto, en la escena de Nancy y Steve roza la perfección…

Stranger Things podría apuntar únicamente al clásico intento de tocar la tecla revival. Y funcionaría. Sin embargo, la última producción de Netflix tiene unos personajes y una historia con suficiente entidad propia como para labrarse un camino propio, dejando que el toque ochentero sea lo que debe ser: un añadido.

¿Qué os está pareciendo a vosotros? Yo me voy a poner un par de veces Africa y luego a terminar con estos ocho capítulos de cosas estrañas…

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