My Beautiful Broken Brain
7.1Nota Final
Historia8
Puesta en escena8.5
Conocimiento del cerebro3
Debate post-visionado sobre personalidad9
Puntuación de los lectores 1 Voto
9.5

Recordamos el fenómeno de Making a Murderer para hablar de My Beautiful Broken, otro documental altamente recomendable que podemos ver en el catálogo de Netflix y que también te deja con un sentimiento de frustración final, aunque por motivos muy distintos a los de la historia de Steven Avery.

La frustración, en este caso, no nace de la corrupción de los órganos de poder, de la descarada falsificación de pruebas o de las declaraciones forzadas, sino de la empatía que produce el caso de Lotje Sodderland, la protagonista de My Beautiful Broken Brain, una chica de 34 años que sufre un infarto cerebral que le deja numerosas secuelas, en especial en lo que concierne a su capacidad para hablar, escribir o, tal vez lo más duro, para activar según qué partes de su memoria.

El documental describe la lenta recuperación de Sodderland y, coincidiendo de nuevo con Making a Murderer, brilla porque no incluye reconstrucciones de la historia. Todo se cuenta en primera persona. Si en el caso de Steven Avery las responsables del documental siguieron sus pasos tras salir de la cárcel y el escándalo les explotó en pleno rodaje, en My Beautiful Broken Brain fue la propia Sodderland la que contactó con la cineasta Sophie Robinson para que documentara todo su proceso de recuperación, que en la práctica fue como pulsar un botón imaginario de reset en su vida.

Sodderland pasa de ser una mujer independiente y con una prometedora carrera laboral a, como se describe ella misma, un bebé de treintaytantos en busca de una identidad. Es ahí donde destaca el documental, que planea sobre el tema de la personalidad del ser humano y cómo ésta viene determinada por las experiencias que vivimos, los recuerdos que tenemos de ellas y la forma en que las ponemos en común con la gente que nos rodea. Sodderland tiene problemas para acceder a esos recuerdos y falla estrepitosamente a la hora de compartir sus experiencias, de forma que la persona que resulta del infarto cerebral es muy distinta a la que existía antes.

My beautiful broken brain 2

Las secuelas del infarto no sólo desordenan la personalidad de Sodderland, también afectan a la forma más básica de interpretar la realidad a partir de los sentidos. Su cerebro decodifica la información con un exceso de colores, sonidos y texturas que, aunque en un principio transporta a un territorio casi onírico, acaba por generar más confusión y caos que otra cosa. En este sentido, el documental hace un gran esfuerzo para tratar de ponernos en los ojos de la protagonista.

Otro de los temas que provoca frustración en My Beautiful Broken Brain es el profundo desconocimiento de nuestro cerebro. Sodderland acude a neurólogos y otros especialistas con la intención ya no de curarse, sino de saber si tiene alguna opción de mejorar su situación. Y la respuesta más común de los señores con bata es muy representativa: “no lo sé”. ¿Mejoraré? ¿Si me someto a este proceso de estimulación, notaré algún avance en el habla? ¿Servirá esta intensa terapia para diferencias las letras? ¿Por qué recupero el habla pero escribo como un niño de cinco años? Nadie lo sabe.

A pesar del tono eminentemente triste del documental, My Beautiful Broken Brain también transmite optimismo gracias a la inquebrantable sonrisa de Lotje, a su fuerza de voluntad por enfrentarse a una desgracia para la que no se conoce remedio y por una pueril ilusión que tiene relación directa con uno de los productores del documental: David Lynch, cuya definición de la realidad en series como Twin Peaks se acerca mucho a la nueva vida de Lotje. Su vida es ahora como una película de Lynch.

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