Dragon Ball Z: La batalla de los dioses
4.8Nota Final
Historia4
Nostalgia8
Batallas5
Humor2
Puntuación de los lectores 6 Votos
4.2

Para alguien que ha nacido en los años 80, una película de Dragon Ball con animación moderna, titulada La batalla de los dioses (ergo, peleas y más peleas), que se ubica después de la saga Majin Boo (no existe GT) y que está supervisada y guionizada por Akira Toriyama, creador de la serie original, parece una buena idea incluso para apartar de un manotazo el resto de opciones del catálogo de Netflix y elegirla como primera opción para estrenar tu cuenta. No lo es.

Empecemos por lo bueno, que es la premisa de la que parte la cinta: al poco de acabar la salvaje guerra con Bu, el Dios de la destrucción, llamado Bills, despierta de un largo sueño premonitorio en el que se enfrenta a un ser tan poderoso como él: un Super Saiyan Dios. Con la compañía del misterioso Uis, se embarca en un viaje a la Tierra para reunirse con los últimos saiyanes vivos, verificar su premonición y poner a prueba su fuerza.

El segundo, y seguramente último, elemento destacado de La batalla de los dioses es el propio Bills, un villano a la altura de la progresión que ha seguido la serie en este sentido: Piccolo, Vegeta, Freezer, Celula y Bu. El Dios Bills es más fuerte que todos ellos juntos y, por lo tanto, representa un nuevo desafío para Goku, que siempre ha evolucionado a base de golpes. Bills es carismático, tiene ese punto absurdo de muchos personajes de la saga (en su caso, comer más que el propio Goku) y, a pesar de que representa la destrucción, sus propias motivaciones e inquietudes van más allá de sembrar el terror.

batalla-dioses

Con un buen villano y un buen punto de partido, ¿cómo se puede hacer una mala película? Con un guión muy irregular y demasiados minutos irrelevantes, además de con una inacabable lista de errores de continuidad respecto a la serie. Sin ponerse demasiado purista… ¿cómo es posible que Pan esté en camino si aún no ha nacido Bra? ¿Por qué Satan no conoce a Dende, si coinciden en la saga Boo? ¿Por qué no reconoce Bulma a Pilaf y sus secuaces? Por cierto, ¿cómo es que son pequeños si eso forma parte de GT? ¿Desde cuándo Vegeta tiene un hermano pequeño? ¿Y por qué sólo piden un deseo cuando las bolas de dragón creadas por Dende concedían dos?

Más allá de estos errores, que a mí me parecen poco perdonables, a la cinta le sobran 40 minutos de metraje absurdo (toda la historia de Pilaf, escenas de humor sin humor) y le faltan 40 minutos de golpes. Pero lo que más molesta de La batalla de los dioses es que se desvirtúe la esencia de un personaje como Vegeta, al que difícilmente volveremos a ver con los mismos ojos tras subirse a ese escenario. Por otro lado, la pobre “creación” del Super Saiyan Dios no tiene ni la épica de aquellos pendientes de efecto irreversible ni mucho menos la ridícula magia de la fusión.

No, La batalla de los dioses no es lo que esperábamos. Y aunque se pueden rescatar algunos detalles, no hace justicia a la memoria de Dragon Ball.

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