Bloodline
8.5Nota Final
Historia8
Personajes8.5
Misterios7.5
Danny Rayburn9
Florida Keys9.5
Puntuación de los lectores 6 Votos
7.5

Vuestros deseos son órdenes. Abrimos una encuesta en Twitter para saber de qué serie o película queríais que escribiéramos y, afortunadamente para el que escribe, la vencedora ha sido Bloodline. Lo digo porque, aunque la profesionalidad exige visitar ciertos lugares menos aseados del catálogo de Netflix, confieso que me siento más cómodo y rematadamente más afortunado hablando del dramón de la familia Rayburn que de las aventuras de Adam Sandler en The Ridiculous 6. El pueblo ha hablado: ¡vamos con Bloodline!

Tres episodios. Es el margen que hay que darle a Bloodline para verla despegar, para entender que después de una puesta en marcha excesivamente pausada se esconde un excepcional drama con tres elementos esenciales: una historia desgarradora, un misterio principal sobre el que ir y venir y un grupo de personajes fascinante.

La familia Rayburn es el epicentro de este drama cuyo primer punto a favor es su escenario, los Cayos de Floreida, un lugar paradisíaco (de día) y tenebroso (de noche) que se adapta al desarrollo de la historia y que refleja con crueldad la dicotomía entre la apariencia y la realidad de la familia. De puertas hacia fuera hay palmeras, arena blanca, un negocio que funciona y el radiante azul del mar; de puertas hacia dentro hay dolor, rencor, mentiras y tensión.

El motor de la historia que se narra en la primera temporada tiene como protagonista a Danny, el mayor de los Rayburn, al que da vida de forma cautivadora Ben Mendelsohn. Danny es la oveja negra de la familia, un tipo rebelde que aparece y desaparece del hogar familiar en función del dinero que hay en su cuenta corriente, que genera malestar e inquietud entre su gente y que, como casi todo el mundo en esa casa, guarda un enorme rencor por algo que sucedió en el pasado. Su vuelta a casa desencadena una profunda crisis en las relaciones personales de los Rayburn que se empieza a ir de las manos con la ausencia de Robert (Sam Shephard), el patriarca, y que se descontrola irremediablemente hacia el final de temporada, cuando el propio Danny implica a toda su familia en un asunto turbio.

Danny enciende los recuerdos y éstos golpean las vidas de todos. El pasado se desentierra. Los secretos más turbios salen a la luz. Afloran los traumas. Y el caos se apodera del día a día de esta acomodada familia. Sí, son elementos clásicos del drama, pero se apoyan en giros de guión bien manejados, en unas actuaciones exquisitas e, insisto, en un escenario que está estrechamente ligado al pasado y al presente de los protagonistas.

Bloodline 1

Bloodline pone sus cartas sobre la mesa mediante flashforwards al principio y al final de casi todos sus episodios, un recurso narrativo que ya utilizaron en Damages sus creadores, el trío formado por Daniel Zelman y los hermanos Glenn y Todd A. Kessler. A diferencia de aquella, en la que los saltos temporales acabaron siendo decididamente tramposos, aquí no hay juegos de manos: en los vistazos al futuro vemos que John (Kyle Chandler), Meg (Linda Cardellini) y Kevin (Norbert Leo Butz), los otros tres hermanos Rayburn, han hecho algo malo con Danny… aunque no son mala gente, como se encarga de repetirnos la serie desde su cartel promocional.

Esta afirmación es clave porque la primera temporada es mayoritariamente un apasionado debate sobre si Danny Rayburn es bueno o malo, inocente o culpable, víctima o verdugo. A ello contribuye la colosal actuación de Mendelsohn, del que jamás podemos saber si sonríe por felicidad o porque está tramando algo, si miente o dice la verdad, si manipula o actúa de buena fe, si va o viene. ¿Es innata su maldad o las circunstancias que han rodeado su vida lo han hecho malo? ¿Son mejores los que volcaron su frustración, miedo o rabia en él? ¿Hasta qué punto son responsables unos de la maldad del otro?

Aparte de Danny, de los tres hermanos el que más peso tiene en la historia es John, tanto por su condición de policía local, ya que la historia pisa a menudo el terreno criminal, como por su título no oficial de paterfamilias de los Rayburn. Meg es una abogada que ayuda en el negocio familiar y que tiene aversión a las relaciones estables, mientras que Kevin es un tipo que superados los cuarenta es incapaz de tener un éxito a nivel personal ni profesional. En cualquier caso, no es el presente lo que nos une a los Rayburn ni lo que nos permite entenderlos mejor, sino el trágico suceso que todos comparten. Todo tiene más sentido cuando se presenta ese pedacito de su historia.

Bloodline arranca con excesiva lentitud, pero acelera a medida que va presentando misterios del pasado de los personajes hasta alcanzar un ritmo frenético en sus dos últimos capítulos, pura tensión. Digna heredera de las grandes series de la última década, aunque un punto por debajo de éstas (Breaking Bad, Mad Men), la principal duda que tengo es si la serie funcionará igual de bien en su segunda temporada. A mí me cuesta imaginármelo.

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